| La Discreción |
|
|
|
|
El sentimiento de respecto, credibilidad y confianza que provocamos en las demás personas está íntimamente ligado a los niveles de discreción con que nos manejamos en las actividades del diario vivir. La sensatez para formar juicio de valores, el tacto para hablar o callar en el momento preciso, las inflexiones correctas de la voz, las palabras bien empleadas para comunicarnos, el lenguaje corporal bien manejado e incluso una apropiada forma de vestir, son condiciones que proyectadas en conjunto definen a una persona discreta. Divulgar una información confidencial de nuestra área de trabajo puede provocar daños irreparables, algunas veces la perdida de una negociación, otras veces el robo de una idea por la competencia. Un acto de indiscreción puede romper una hermosa relación de amigos de muchos años. La pena por la traición y el dolor por la pérdida del amigo en quien se depositó una confianza absoluta, provoca un duelo emocional profundo de lenta y difícil recuperación. Un amigo no es una obligatoriedad familiar es una elección personal. Emitir comentarios desagradables acerca de una persona no presente, es una indiscreción imperdonable al igual que prejuiciar negativamente acerca de un hecho del que no tenemos información acabada y que lastima la reputación de alguien. De igual forma, la elegancia y la discreción van tomadas de la mano a la hora de vestir. Tratar de llamar la atención usando exceso de accesorios, ropa extremadamente ajustada o escotes que dejan poco a la imaginación nos coloca en una posición inversamente proporcional. La barrera que separa lo atractivo o sexy de lo vulgar es casi imperceptible. La arrogancia manifiesta en algunas personas que ocupan una posición social o política de envergadura, usualmente transitoria, se traduce en una evidente falta de humildad y discreción, prueba de ello es el aparatage que utilizan para desplazarse y presentarse en público. Esas personas parecen ignorar que el carisma, la prestancia y la popularidad son valores intrínsicos que los seres humanos se ganan por sus actuaciones y por su capacidad para proyectar los mismos. El manejo adecuado de la discreción es el mejor legado que podemos transmitir a nuestros propios hijos y a las generaciones futuras, tan carentes de motivaciones, en una sociedad donde los meta mensajes están plagados de anti-valores. |


