Nueva York, la Gran Manzana, una de las ciudades más icónicas del mundo, está conmemorando su Tricentésimo sexagésimo segundo aniversario del día en que los habitantes de New Amsterdam pasaron a ser neoyorquinos.
El 27 de agosto de 1664, hace 362 años, la colonia holandesa de Nieuw Amsterdam pasó a manos de los ingleses, quienes rebautizaron la ciudad con el nombre de New York en honor al Duque de York y Albany, posteriormente Jacobo II de Inglaterra y VII de Escocia.
Ese día una flotilla de cuatro fragatas británicas, comandados por Richard Nicolls, anclaron en la Bahía de Gravesend (Brooklyn), entre Coney Island y los Narrows y se apoderaron de todo el territorio.
A bordo viajaban 150 marineros y 300 casacas rojas. Los británicos se encontraron con una guarnición holandesa escasa y mal dotada para el combate.
Peter Stuyvesant, gobernador holandés de la colonia, acabó firmando el tratado de rendición. Dicho tratado prometía respetar la «vida, los bienes y la libertad a todos aquellos que se sometieran a la autoridad del rey.»
Esta colonia, en honor al duque de York, experimentó cambios transformadores en la gobernanza y la estructura social bajo el dominio inglés. Este cambio catalizó su evolución hacia un importante puerto colonial y un centro urbano global.
Los acontecimientos de 1664 fueron cruciales para moldear el desarrollo histórico de la ciudad de Nueva York, marcando su transición de un puesto avanzado holandés a un bastión inglés.
New Amsterdam había sido fundada en 1625 por la Compañía Neerlandesa de las Indias Occidentales, que empezó a explorar los alrededores de la isla de Manhattan a principios del siglo XVII.
Sucedió que Peter Minuit, gobernador de esta compañía holandesa, compró la isla de Manhattan a los indios por 24 dólares y creó la colonia a la que denominó Nueva Ámsterdam.
Ámsterdam surgió, como todas las ciudades que a lo largo de la historia se han desarrollado a la orilla del mar, de un pequeño pueblo de pescadores. Su enclave, en la punta sur de la isla, era un lugar estratégico para el comercio a través del río Hudson.
Henry Hudson fue el primer explorador que recorrió el río que hoy lleva su nombre. El territorio se convirtió en provincia de la República de Holanda en 1624 con el nombre de New Netherland.
Allí se establecieron los colonos holandeses, un pequeño asentamiento con un puesto comercial y numerosas casas de madera. Eran principalmente traficantes de pieles de nutria, que dedicaban a la fabricación de prestigiosos sombreros en Europa.
La idea era que, además de la explotación de los recursos y la caza que pudieran hacer los colonos, fueran los propios nativos americanos (sobre todo miembros de las tribus mohawk) los que comerciaran con los holandeses vendiéndoles las pieles de los castores y otros animales a cambio de productos traídos desde Europa.
Para proteger a los comerciantes se construyó un fuerte en la punta sur de Manhattan y se le denominó Fort Amsterdam.
La ciudad nació alrededor de ese fuerte y se convirtió en la capital de la provincia en 1625. Más tarde, el 2 de febrero de 1653 se le concedió el fuero municipal de las ciudades holandesas.
Rockefeller.
El enclave tuvo desde entonces una estrecha relación con los judíos porque se permitió la instalación en él de dos ramas del judaísmo, los sefardíes y los asquenazíes, en condiciones de igualdad.
Sin embargo, el fin de la época holandesa estaba cercano porque la flota inglesa, sin declaración de guerra previa, se presentó ante la ciudad ese 27 de agosto de 1664 y la tomó, cambiando su nombre por el de Nueva York.
Hace más de un siglo que surgió el sobrenombre "La Gran Manzana" para Nueva York, el cual no proviene de la producción de manzanas ni de leyendas urbanas sobre burdeles, como se había especulado.
Su origen se remonta a la actividad hípica: El apodo se popularizó en la década de 1920 gracias al periodista deportivo John J. Fitz Gerald, quien lo utilizó para referirse a las carreras de caballos en la ciudad.