Sociales

Los Pepines, capital de los recuerdos | Por Milagros de Jesús de Féliz

Los Pepines, capital de los recuerdos | Por Milagros de Jesús de Féliz

Cuarenta y nueve años después volví a caminar las calles de Los Pepines. El barrio conserva su mezcla de amigos, tradiciones y gente buena, envuelto en ese aire festivo que se cuela en cada esquina. El paseo removió medio siglo de recuerdos juveniles de risas, percances y atardeceres del color del pan tostado.

 

En esas calles alojé mis mejores años y se hospedaron alegrías que todavía dan miel a mi memoria. Hoy, ese barrio tiene una nueva versión de sí mismo: murales vivos, colores atrevidos y visitantes curiosos que se suman a la fiesta constante de sus habitantes. Las aceras altas siguen intactas, como fieles custodias del tiempo, acompañadas por perros realengos que toman el sol de la mañana como si fuesen dueños de todo.

 

Mientras avanzaba, me saludaban rostros que parecían reeditar a aquellos vecinos que me acogieron con generosidad cuando era una estudiante con poca edad y muchas ilusiones. Era inevitable escuchar los viejos oficios, la urgencia de los que madrugaban y el eco de personajes que nunca se han ido del todo.

 

Me detuve frente a casas envejecidas junto a sus balaustres y lucernarios de madera. A pesar del cansancio del zinc y el otoño de sus días, aún conservan historias que apuntan al cielo con altivez. En una esquina sigue la casa de doña Lola, con sus coralillos rojos custodiando la fachada y con ella asomándose al mismo ventanal blanco donde ha visto pasar buena parte de la vida pepinera.

 

Más arriba está aquella puerta de madera de don Andrés y doña Ana, artesanos del carnaval que, con espejitos y creatividad, confeccionaban las mejores comparsas del barrio. Vivir en Los Pepines era vivir en el corazón mismo de la ciudad, coronado por el Monumento a los Héroes y abrazado por la calle del Sol, cómplice de tantas fantasías estudiantiles.

 

Ese territorio libre encantaba a los foráneos y divertía a sus residentes, que sabían conservar el sabor a pueblo con una fiesta en cada esquina, algún producto sabroso cuya venta se anunciaba cantado y la sonrisa siempre a flor de piel. En la calle Vicente Estrella confirmé que aún es una arteria vital, aunque haya perdido su antiguo nombre de “Los Pinitos” y los árboles que lo inspiraron.

 

En cualquier vía uno se arriesga a topar con reuniones improvisadas de amigos, sentados en sillas acoradas a las viejas casonas, celebrando cuentos, diabluras y sueños con sorbos de bebida espirituosa. En esos encuentros, los Ventura han sido por años el congreso cultural del barrio, guardines del son, la música, el cuento y la amistad. Todos los domingos, en “El Son de Keka”, se le da brillo a la hebilla y se mueven las caderas del son al merengue, demostrando que la edad no limita el ritmo.

 

En los años 70, Los Pepines era un vecindario generoso que acogía estudiantes de provincias lejanas. Las pensiones funcionaban como hogares completos y los anfitriones sustituían, con afecto, la ausencia de nuestras familias. La hospitalidad pepinera llegaba hasta la universidad: a los estudiantes “de a pie” nos daban “bola” sin necesidad de pedirla dos veces.

 

Recuerdo también que, a medianoche, cuando el cansancio del estudio pulverizaba las neuronas aparecía a domicilio un providencial chef ambulante cuya bicicleta de canastos llevaba todo lo necesario para preparar el mejor sándwich en pan de agua con repollo y una mano de carne, adobada equilibradamente con un picante que abría el entendimiento, justo lo que necesitábamos en esas noches de lunas y pocas estrellas. Hablar de Los Pepines es hablar de arte, afectos, música y memoria. Capital del son y cuna de artistas, es un tesoro con ventanas al pasado y olor auténtico a pueblo. 

 

Embriagada de recuerdos, agradecí a Dios la oportunidad de ver tantas estampas que, por medio siglo, han sido inquilinas honorables en mi corazón. Y para rendir un homenaje en su nombre, levanté la mano en señal de brindis íntimo por la dicha de ver nacer y morir los colores de sus atardeceres.

 

Contenido Patrocinado
Barceloneta
Pedro Genaro Pérez  Fernández

Pedro Genaro Pérez Fernández

CEO

Licenciado en Administración de Empresas y Mercadeo y Asesor de Relaciones Públicas. Inició en los medios de comunicación en el Periódico El Siglo, como gerente de publicidad de la zona …

Artículos Relacionados

Acerca de Nosotros

Somos un medio de comunicación comprometido con la verdad y la información de calidad. Nuestra misión es informar a la comunidad con noticias precisas, relevantes y oportunas.

Leer más

Instagram